Hola!

Publicado mayo 24, 2009 por Maribel Feliu
Categorías: Hola!

Sean bienvenid@s a mi blog 🙂

Hoy es día del amigo… y de las amigas también ;-)

Publicado julio 20, 2009 por Maribel Feliu
Categorías: Hola!

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Mi primer libro de cuentos

Publicado julio 20, 2009 por Maribel Feliu
Categorías: Narrativa

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Estos son cuentos de la vida real, con sus alegrías y desmanes, sus paraísos perdidos, su desenfreno erótico autodestructivo, y esas miserias multiplicadas. Estas narraciones poseen una estructura en apariencia simple, pero la gelidez del tono y la caracterización como en sordina de personajes que viven siempre cercados y al límite, hacen que un paisaje de abismo y quietud trágica ronde sus existencias y el desenlace definitivo de las historias.

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Texto de la contraportada. Los Pájaros Inmortales, 2005

La vida también puede ser bailar

Publicado julio 20, 2009 por Maribel Feliu
Categorías: Narrativa

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Tengo la costumbre de no mirar al público, me parece un gran dios que representa a la humanidad.
Isadora Duncan

Si a mis amigos se les ocurriera mirar por una hendija huirían espantados, al ver mis cursilerías. Laura no está. Laura se fue, tratando de seguir la música. Debo parecer una loca. Eso es lo que tengo que hacer: parecer una loca. Vamos Laura “enférmate”. Mueve las caderas. Gira, que ya estás a punto de caramelo.

Jose sí lo hace bien… Pensándolo mejor, no me había percatado de que a mí también me persigue la familia de los Pepes! Qué onda tienen los Pepes! Jose me pasa tragos de ron y yo quiero exprimir el cristal. Si yo pudiera exprimir el vidrio! Sentirme huérfana. Quebrarme hasta romper la música.

Si a alguien le da por subir, arde Troya.

La cosa es saltar hasta que sueltes la cabeza. Bambolear la cintura en controversia. y yo que estoy flaquísima. Cada día más flaca.

Llega la hora de levantar los brazos y adueñarse de la transparencia del techo como si imploraras a Dios y te elevaras en las alas de un ángel.

La aurora comienza a entrar a través de los cristales. Tengo el pecho abierto. Las luces dan vueltas. Me penetran. El humo que al principio me tenía ciega, ya me va gustando. Los rostros se nublan. Las paredes se extienden, parecen caer junto a la noche. La noche se empoza en el ojo de la luz mientras su olor nos recorre. Las aves cruzan el sueño. Nos conducen. Hay que saltar. Reír. Vivir. Cantar como ese desgraciado que no cesa de repetir: Laura no está. Laura se fue. Tengo ganas de gritarle: “Laura al carajo”. ¿Cuando se va a dar cuenta de que yo no soy Laura? O a ver si me pongo clara. ¿Alguna vez me habré llamado Laura? Tú ves, ya el ron me está haciendo daño: Pero en realidad seré Laura. O familia de Laura. O alguien que no fui yo me puso Laura y ahora no soy Laura sino la imagen Laura.


El caso es que en el fondo me produce cierta ternura cuando dice Laura. Será que estoy tan desprovista, que siento cerca la dicha de Laura. Y hasta siento deseos de abrazarla.

Quiero que lancen la otra música. Algo suave y nostálgico para arañar las paredes. Y ver el pez, el de morder la piel en el verano, el que arde en mis entrañas. El que viene y me besa una y otra vez. Ver el pez e írmelo bebiendo como la otra noche, cuando organicé la fiesta de los solitarios. Me quedó buenísima. Sobretodo, porque no vino nadie. Los solos tenían miedo de hallarse más solos que de costumbre. A mí me vino de maravilla. La cerveza me rindió que para qué decir. Además, la noche se inició con el nacimiento del ciervo bajo la luna…Jose se acerca. Me acaricia una nalga. La otra. La otra. Y la otra. Yo deambulo en la voluptuosidad de sus manos largas como los ríos. Afloran en su boca los lirios. En las incontables líneas de su boca mi boca como un sueño se desgrana. Vamos recorriendo la Isla, hilando los techos sagrados. En el esplendor de su boca me consumo.

La vida es reír. Saltar. Cantar como lo hace Jose: “Si fuera ella”. Primero era Laura y ahora nada más y nada menos que: “Si fuera ella”. Sí, porque a estos desgraciados les gusta darle celos a una y que les formen escándalos. Sentir de vez en cuando la brisa de una galletada. Y después terminar como corderitos de fuego. Pero yo sé por donde vienen las cosas. Que ni se imagine que yo voy a caer, en todo caso que caiga él.

Esa noche fue la locura en persona. Yo que siempre me había cohibido de hacer el amor al aire libre por temor a ser sorprendida y terminar en la policía.

Me sentí en las nubes, y no tuve vergüenza, porque recordé a Lennon con Yoko haciendo el amor para un público maravilloso. Por allí no pasó nadie. Solo un loco de mirada penetrante, que a unos metros de nosotros se sacaba filo con las dos manos. Por eso creo que no estaba tan loco. ¡El pobre!, en fin que lo disfrutara. Sí, porque Jose intentó espantarlo. Pero yo lo convencí. Y él lo dejó.

Me apetecía la complicidad del extraño y la intensidad con que solía frotárselo. Yo encima de Jose. Jose sobre la yerba. Yo como queriendo atrapar el mundo en un suspiro. Jose jadeando. El loco peligrosamente acercándose. La luna desprendiéndose. Yo gritando. Jose tapándome la boca. El loco traspasando el tronco de un árbol. Los astros cayendo sobre los puentes. Lennon y Yoko inspiradísimos en el llanto. De ahí debió surgir el de las cuerdas de su guitarra. Yo volaba sobre el pecho de Jose. Mis pezones se confabularon y comenzaron a disparar. Y yo sin poder detenerlos. El fabuloso loco ahogándose en un charco blanquísimo. Jose pidiéndome que lo golpeara y yo que no soy nada buena propinando golpes, le di con gusto, lo saboreé hasta hundirme en una laguna interminable.

Y la melodía ahí. Y yo rompiéndome. O rompiéndola. Si fuera ella. “Si fuera ella”. Aquí todo el mundo está loco. Les ha dado por “enfermarse”. Y yo con esta fiebre sintiéndome como en el paraíso. Bebiendo. Soltando las caderas por los poros. Atravesando y siendo atravesada por el alba. Con mi cuerpo azul, más allá del propio azul. Cabalgando. Imaginando. Descubriéndome bajo esta lluvia de estrellas. Abriendo estelas en la distancia. Arrancando pedazos de cielo.
Los danzantes gritan. Mueven la cabeza. Las cabezas. Hierven dentro y fuera de sus anhelos. Changó baja de la loma enseñando su pubis. La melodía sube. Y baja. Detrás de cada uno de nosotros hay cascadas. Praderas. Legiones de peces por saltar y hacerse de una historia. Y ya me va gustando ponerme cursi. Y no pienso en los amigos. Ni miro al público. Si quiere que suban. Y que me bajen con sogas. Que suban y me descubran con los ojos amarillentos y virados al revés. (¿O al derecho?), en este movimiento…


Hace un tiempo despreciaba esta gente. Now “we are just family”. Laura no está. Laura se fue. Jose sigue repitiendo como un papagayo… El corazón se quiere salir por la boca. Busco a Jose. Lo abrazo con intensiones de dar un remate final. Estúpido. “Si fuera ella”. ¿Quién? ¿Quién es Laura? ¿Quién soy yo? Mira que después de haber vivido bajo las delicias de mi cuerpo, amando cada detalle de mis curvas, venir con eso de “evocaciones a Laura”. No sería mejor Réquiem por Laura. Y ya me da igual que se entere Holguín o La Habana. Todo el mundo ama, odia, duerme, despierta y vive del melodrama, y al día siguiente vuelve al mismo itinerario. La vida es un divino guión.

Yo soy la novela ahora. Que venga la virgen y me vea así, poderosa como la reina Isabel. Y los pepillos arrebatados flotando en el humo. Y no sé en cuál de los tres humos… Los veo a siglos de distancia. Enormes. Creciendo. Viejos. Niños. Los veo y no los veo. Yo sigo en mi empeño de dar. Y dar cintura. Y vueltas de cabeza. Y de cabezas.

Ochún en medio de la gran pista formando espejos de agua. El ron haciéndose astillas. Y yo entrando al séptimo cielo. Y Jose con azúcar en las poleas. Y de pronto aquí se mete la música de Celia. Y de Gloria. Y de Willi. Y las chicas al acecho esperando que la cuerda se reviente. Y yo traigo la cuerda en mis manos. Y sigo saltando hasta que mi cabeza (ya por fin), parece que va a desprenderse. Y rueda. Y nadie puede alcanzarla.

Jose me pasa fulgores de vida. Despacio busca mi lengua. Con la punta de su lengua va dibujando signos. Júpiter llega engalanando la fiesta. Un coro de demonios va camino al reino. Dos cuerpos en la resurrección de sus carnes. Dos almas perfectas se hunden en un pozo infinito. La vida se eleva en espirales. Se estanca. Nos asfixia.

¿Quién es ella? Se llama Lourdes. Y desde hace seis meses se fue con un pepe.

Sí, con un yuma. Y yo de tonta pensando que pertenecía también a la familia…


El loco vuelve. Viene con las manos hinchadas. La tensión de Jose subiendo. Y yo el insomne animal en mi boca. Jose con el labio mayor de noviembre, en su boca. El loco acostado sobre la yerba. Comodísimo. Luchando. Yo chillando. Reventando. El loco arrancando puñados de tierra. Jose mordiéndome los ojos. Yo rezando un Padre Nuestro. El loco chupándose. Jose hundiéndome un dedo en la llaga. El loco saboreando la llaga. Yo perforando las duras maderas de la noche. Yo como una yegua absorbiendo. Y absorbida, encogiéndome cada vez más. El loco en su discurso. Lennon derramando luz. Yoko es una bruja. Yo con la sonrisa inflamada. El llanto subiendo. Bajando. Extendiéndose. Enredándose en las cuerdas. La guitarra en medio de la madrugada. El público presente. Maravilloso el público. El loco presente. Jose presente. La llaga presente. El Padre Nuestro presente. Lennon presente. El Discurso presente. Yoko presente. Las brujas presentes. La policía presente.

Si mis amigos me vieran… Qué pensarán de mí. Yo que dije que no miraría más al público.

Jose se ha ido al aeropuerto en busca de Lourdes. Y yo en medio de la tertulia. Alguien se acerca y me dice que estoy dura. El cabrón de Jose nunca me lo dijo. Aunque pienso que él nunca había hecho el amor así, con fondo fálico y sonrisa vertical.

Yo que lo iba a llevar a las alturas de la Loma y en el hechizo del viento, bajo la noche inmensa le escribiría un poema. Y bailar. Bailar desnuda ante la Cruz. Danzar encendiendo candelabros, escuchando el sonido del agua sobre la ciudad. Bailar hasta romper nuestra desnudez.

Y esperar en las alturas el invierno, con sus pájaros picoteando nuestro silencio. Bailar. Y soñar con que alguien entre los pinos nos asista. Si porque la vida también puede ser hacer el amor para que un loco se masturbe.

Y pensar que me iba a suicidar lanzándome del puente más pequeño que tiene esta ciudad.

Si fuera ella. Si yo fuera Isadora Duncan bailaría desnuda todos mis sueños, comenzaría mi tournée en el teatro de Gibara hasta el García Lorca.

Ya puedo imaginar mi cuerpo en un oleaje tan intenso como la madrugada. Tan fuerte como la vida misma, que puede ser algo más que la muerte aferrada a los deseos. Si yo fuera ella recortaría un poco más estas bufandas con que hago peripecias para un loco. Yo tratando de entretener a un loco, ¿hago peripecias? ¿O es el loco el que hace peripecias para que yo sueñe? ¿O acaso los dos acróbatas se divierten en el mismo sitio? Él arranca puñados de tierra. Lanza señales de humo. Mira a un punto perdido en la distancia. Y yo tan cursi, a veces yo tan cursi. Me voy. Bailo sin parar. Tarareo sin parar. ¿Laura? Incluso las ridículas canciones. Claro, todo ello, sin que mis amigos lo sepan.

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Publicado en Los Pájaros Inmortales, Holguín 2005, Ediciones Holguín.